jueves, 19 de mayo de 2011

EL CANTON DE CAÑAR: LA CIUDAD SIN PADRES

El cantón, situado en la provincia de Cañar -en el centro de Ecuador-, es una de las zonas con mayores flujos migratorios del país. La emigración comenzó a finales de la década de los 60 debido a la situación de crisis económica del país, pero se aceleró profundamente en la década de los 90. Debido a esta situación, la población del cantón se ha reducido a la mitad, actualmente cuenta con 60.000 habitantes, de los cuales 28.000 son menores de edad.

La emigración de mujeres en Cañar y, sobre todo, hombres de mediana edad, es tan acusada que incluso ha influido en la pirámide poblacional del cantón donde el número de personas de entre 25 y 49 años es sensiblemente menor que la media nacional. Esto también ha tenido su impacto en los nacimientos. Así, en Cañar hay menos niños menores de cuatro años que niños de entre cinco y nueve.

Experiencia traumática para los menores

“La emigración de los padres por causas económicas es una de la situaciones más traumáticas que puede vivir un menor. El desequilibrio emocional y el impacto en la marcha de sus estudios deja una huella de por vida”, explica Concha López, directora general de PLAN en España.

La ausencia de los padres modifica la vida cotidiana de los menores. En la mayoría de los casos son los abuelos u otros familiares cercanos quienes quedan al cuidado de sus nietos pero, en el 1% de los casos el apoyo familiar no funciona y los menores acaban viviendo solos o, incluso, al cargo de hermanos más pequeños.

Aumento del abandono escolar

Aún en el caso de que los menores se vayan a vivir con otros familiares, muchas veces se ven obligados a asumir responsabilidades de manera prematura. Como indica el informe “Niñez y migración en el Cantón Cañar” realizado por PLAN en colaboración con otras organizaciones como UNICEF, el Observatorio de los Derechos de la Niñez y la Adolescencia de Ecuador y la Secretaría Nacional del Migrante, un 8% de los adolescentes con padres emigrantes acaba dejando los estudios. Esta cifra aumenta hasta el 11% en el caso de las jóvenes, de los indígenas, de las familias que no reciben remesas y cuando es la madre en lugar del padre quien ha emigrado.

“Mi hermana no va al colegio desde que se fue mi papá. Ella arregla la casa y nos cuida. Sólo ella habla con mi papá”, cuenta Jacinto, un niño de 11 años de Cañar e hijo de un emigrante. La hermana de Jacinto no es un caso aislado. Los menores de Cañar pertenecientes a familias con emigrantes dedican una media de cinco horas al día a las tareas domésticas frente a las dos horas que emplean los hijos de padres no emigrantes.

"Nunca he visto una foto mi padre"

Siguiendo con los datos del informe, sólo la cuarta parte de los padres emigrantes de Cañar tienen intención de reagrupar el núcleo familiar en el país de destino. “Mi papá se fue cuando yo tenía siete meses y mi mamá, cuando yo tenía cuatro años. Mis hermanitos nacieron en Estados Unidos y ahora están aquí de vacaciones un mes y medio. Yo hablo con mi mamá y no con mi papá porque no lo conozco. Nunca he visto una foto de él”, explica Karen una niña de Cañar de 9 años.

La crisis económica mundial ha provocado que un gran número de ecuatorianos emigrados estén retornando a su lugar de origen. Entre finales de 2008 y febrero de 2011, 14.000 inmigrantes han abandonado España con la colaboración de la SENAMI (Secretaría Nacional del Migrante de Ecuador) y más de 112.000 han solicitado información sobre los pasos que tienen que seguir para regresar.

Una vez de vuelta a su lugar de origen, los padres se encuentran cara a cara con hijos a los que, en algunos casos, dejaron cuando eran bebés y hace años que no ven. “Irse es malo porque los padres se alejan de los hijos. Eso me pasó a mí con mi papá y mamá. No quiero que vuelvan porque me da vergüenza”, cuenta Jorge, un niño cañarense de 11 años.

Muchos de los cabezas de familia que regresan a Ecuador no vuelven para quedarse. “Algunos se han divorciado, bastantes mujeres emigraron como vía de escape a los malos tratos que sufrían y otros han rehecho su vida en su país de acogida por lo que todos ellos piensan en regresar en cuanto pase la crisis”, cuenta Guanoluisa. Los hijos adolescentes son los que peor llevan el futuro nuevo éxodo de sus padres: “Dicen que para qué volvieron a casa si tienen pensado marcharse otra vez”, explica.

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