Un lugar donde se pondra los cinco sentidos para desahogarnos de nuestra vida cotidiana.
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viernes, 25 de abril de 2014
EL CUENTO DEL NIÑO DAVID Y LA BALLENA
Hoy amigos me apetece dejaros algo que nunca antes había dejado en este blog: un cuento
Llevaba cuatro días lloviendo sin parar. Los cuatro días que David y su familia llevaban de vacaciones.
Llovía con fuerza sobre la playa vacía, llovía sin tregua sobre el techo de la caravana en la que el niño David y su familia inventaban maneras de pasar el tiempo, de esperar a que aquella lluvia interminable se tomara un descanso.
Jugaron a las cartas.
Jugaron a la oca y al parchís.
Jugaron al ajedrez, a las damas y también al dominó.
Pero el tiempo no pasaba.
La lluvia tampoco.
El niño David miraba por la ventana y suspiraba. Él tenía tantos proyectos para aquellas vacaciones en el mar...
Quería construir un castillo de arena e invitar a su princesa a jugar a las palas.
Quería bucear entre las olas y que las sirenas le enseñaran a respirar bajo el agua.
Quería después nadar y nadar y nadar. Llegar a alta mar y encontrarse con unos piratas de los de parche en el ojo y pata de palo.
Quería navegar con ellos por mil mares, de punta a punta del planeta, por cada continente y cada océano. Después, cuando decidiera volver a casa, cansado de tanto conocer mundo, lo haría subido a una enorme ballena.
Sería una ballena de piel brillante, que siempre le daría conversación, y siempre sería de lo más interesante.
Ella le contaría lo que era ser una ballena, y el niño David que no siempre le gustaba ir a la escuela.
Ella le hablaría de los cazadores furtivos, y él de lo que era ser un pirata fugitivo.
Ella, que como todas las ballenas sería vegetariana, le enseñaría a comer plancton y otras plantas, y el niño David, muy sorprendido, se lo comería como si fuera el mejor de los bocadillos.
Luego, cuando llegaran de vuelta a la playa, ella se despediría soltando por sus pulmones un chorro de agua.
Y David saldría despedido hasta la playa, a donde llegaría hecho todo un pirata...
- David, David...¡deja de dormir! Ponte el bañador que ha salido el sol...
Así que por fin se fueron a la playa...
¿Cumpliría el niño David sus propósitos de pirata?
Este cuento y otros más los podéis encontrar en el blog Cuento a la vista
martes, 26 de marzo de 2013
PUEBLOS CON ENCANTO
La ciudad de Peñíscola, al Norte de la Comunidad Valenciana, se encuentra en un punto privilegiado del Mediterráneo español. Los 79 km2 de extensión del municipio, 17 de los cuales discurren paralelos al litoral, se reparten equitativamente entre las superficies forestales y los cálidos cultivos mediterráneos, entre los que no faltan el naranjo, el olivo y el almendro.
La ciudad antigua, coronada por la que fuera morada del Papa Benedicto XIII, un castillo-fortaleza del s. XIV, ocupa un imponente peñón que se alza 64 m sobre el azul del mar; está unido al continente por un cordón de arena que tiempo atrás era barrido por las olas durante los temporales, transformando a la ciudad en una efímera isla.
En contraste con el casco antiguo, se encuentran las nuevas calles y avenidas de la zona turística. Cálidas aguas en verano y otoño, se reparten entre las extensas playas de fina arena al norte de la ciudadela y hermosas calas flanqueadas por abruptos acantilados al sur.
Peñíscola, también conocida como Ciudad en el Mar, está coronada en lo más alto del peñón por el Castillo del Papa Luna, una fortaleza templaria datada del año 1307 que se convierte en una torre vigía inexpugnable, rodeado de un conjunto de murallas que protegen la ciudad antigua.
Peñíscola ha sido encrucijada de todas las civilizaciones mediterráneas que desde el alba de la historia vienen navegando por este mar de bonanza y cultura. A fenicios y griegos, les siguieron cartagineses, romanos, bizantinos y árabes...todos supieron de su ventajosa situación, de su seguridad como fortaleza irreductible y de su idoneidad como hábitat, tanto por su clima como por disponer de abundante agua dulce que mana de las entrañas de la roca en la propia ciudadela.
En tiempo ya de los cristianos, los míticos y enigmáticos Caballeros Templarios se asentaron en el tómbolo, donde ya existía una fortaleza árabe y no tardaron en persuadirse de las excepcionales características que reunía para ser convertido en fortaleza inexpugnable.
Entre los años 1294 y 1307 fue construido el actual castillo Templario sobre los restos de la alcazaba árabe. Los promotores fueron frey Berenguer de Cardona, que era el Maestre de la Orden del Temple en Aragón y Cataluña y frey Arnaldo de Banyuls, que era el Comendador de Peñíscola. Los escudos de ambos se conservan esculpidos en piedra formando fajas heráldicas situadas por encima de la puerta de acceso al castillo y también sobre la puerta de la basílica.
La excepcional robustez de sus muros y bóvedas de arco ligeramente apuntado y su total construcción con magnífica fábrica de sillería, así como su desnudez y austeridad en elementos ornamentales constituyen la impronta de una arquitectura militar tremendamente maciza y sobria que, estilísticamente, discurre entre el románico tardío y un gótico incipiente.
Si esta interesado en conocer más: Ayuntamiento Peñiscola
La ciudad antigua, coronada por la que fuera morada del Papa Benedicto XIII, un castillo-fortaleza del s. XIV, ocupa un imponente peñón que se alza 64 m sobre el azul del mar; está unido al continente por un cordón de arena que tiempo atrás era barrido por las olas durante los temporales, transformando a la ciudad en una efímera isla.
En contraste con el casco antiguo, se encuentran las nuevas calles y avenidas de la zona turística. Cálidas aguas en verano y otoño, se reparten entre las extensas playas de fina arena al norte de la ciudadela y hermosas calas flanqueadas por abruptos acantilados al sur.
Peñíscola, también conocida como Ciudad en el Mar, está coronada en lo más alto del peñón por el Castillo del Papa Luna, una fortaleza templaria datada del año 1307 que se convierte en una torre vigía inexpugnable, rodeado de un conjunto de murallas que protegen la ciudad antigua.
Peñíscola ha sido encrucijada de todas las civilizaciones mediterráneas que desde el alba de la historia vienen navegando por este mar de bonanza y cultura. A fenicios y griegos, les siguieron cartagineses, romanos, bizantinos y árabes...todos supieron de su ventajosa situación, de su seguridad como fortaleza irreductible y de su idoneidad como hábitat, tanto por su clima como por disponer de abundante agua dulce que mana de las entrañas de la roca en la propia ciudadela.
En tiempo ya de los cristianos, los míticos y enigmáticos Caballeros Templarios se asentaron en el tómbolo, donde ya existía una fortaleza árabe y no tardaron en persuadirse de las excepcionales características que reunía para ser convertido en fortaleza inexpugnable.
Entre los años 1294 y 1307 fue construido el actual castillo Templario sobre los restos de la alcazaba árabe. Los promotores fueron frey Berenguer de Cardona, que era el Maestre de la Orden del Temple en Aragón y Cataluña y frey Arnaldo de Banyuls, que era el Comendador de Peñíscola. Los escudos de ambos se conservan esculpidos en piedra formando fajas heráldicas situadas por encima de la puerta de acceso al castillo y también sobre la puerta de la basílica.
La excepcional robustez de sus muros y bóvedas de arco ligeramente apuntado y su total construcción con magnífica fábrica de sillería, así como su desnudez y austeridad en elementos ornamentales constituyen la impronta de una arquitectura militar tremendamente maciza y sobria que, estilísticamente, discurre entre el románico tardío y un gótico incipiente.
Si esta interesado en conocer más: Ayuntamiento Peñiscola
lunes, 25 de abril de 2011
SEMANA SANTA Y LLUVIOSA
Ya se termino la Semana Santa, días de procesiones este año pasadas por agua, que los devotos lloraron por que no pudieron sacar a pasear a sus santos.
Quizás debería haber dicho que terminaron las minivacaciones de semana santa, esos días en que las familias salen al campo a comer longaniza de pascua y una especie de pan quemado, con un huevo duro dentro, ahora algunos llevan una chocolatina con forma de huevo, que esta relleno de un juguetito desmontable lleno de piezas pequeñas fáciles de ingerir por los mas pequeños de la casa. Otra costumbre que se esta perdiendo es la de salir a hacer volar la cometa, en algunos sitios se conoce como empinar el cachirulo. También se pierde la costumbre de saltar sobre la soga, esa manera de perder calorías que consistía en saltar sobre una soga en posición horizontal, de la cual dos personas cogían cada una de un extremo y la hacían rodar sobre el eje de la muñeca. A estos también les llovió.
Otros que vivían en el campo, o rodeados de monte decidieron irse a pasar estos días a quemarse la espalda en la playa, ese lugar lleno de arenilla fina, con mucho agua al fondo, esa arenilla que se te mete en el almuerzo, justo en el momento que le vas a dar un bocado y pasa alguien. Pues bien a estos también les llovió, pero para hacer una escapada a la playa siempre hay tiempo, para subir al monte a hacer volar la cometa y saltar a la soga, no, eso solo se hace estos días o estas fuera de tiempo y de lugar, y a nadie he visto pasear el santo en pleno agosto, con un disfraz parecido a los del ku-kux-klan.
Siempre nos quedara la opción de quedarnos en casa o en el comedor del hotel, viendo una de romanos, de cristianos devorados por leones, de gladiadores crucificados, de algún personaje que coincidió con Jesús el nazareno, o algún largometraje similar.
Ahora solo nos queda esperar el verano, para cogernos las autenticas vacaciones.
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